jueves, 14 de enero de 2010

Anda suelto Satanás...

Si señores. Barón Rojo tenían toda la razón. Por cierto, hablando de Barón, yo no me pierdo el concierto de reunión de los yayos al final de enero en La Riviera, palabrita del niño Jesús.

Bueno, volviendo al tema. creo que ha llegado la hora de que alguien ponga las cartas sobre la mesa y, en un acto heroico que le pude costar hasta su propia vida, denuncie que el Maligno está entre nosotros, y desde hace bastante tiempo, además. Se esconde en la más abyecta de las formas y en la más abyecta de las instituciones. Helo aquí:



Monseñor Rouco Varela es el nombre que Pedro Botero ha decidido adoptar en su llegada a la Tierra. Y le ha tocado a España el lidiar con él. ¡Oh, aciago destino, que en este país tengamos que soportar a semejante gilipo... estooo, a Satanás en persona!

Por sus actos le conoceréis. Negar derechos a personas por la sencilla razón de que duerman con personas de su mismo sexo. Imponer sus opiniones para que leyes que no le gustan no salgan adelante, sin importarle que coarten la libertad de otras personas que vaya usted a saber que problemas tienen o dejan de tener en casa. Crispar el ambiente hasta límites ridículos olvidándose de paso de la separación Iglesia-Estado, que tanto sangre, sudor y lágrimas costó hace no demasiado. Criticar salvajemente a un gobierno que ha aumentado sus beneficios económicos como ningún otro (joder con los progresistas del cejas de los cojones). Ejercer hasta límites insospechados la hipocresía al decir a la sociedad lo que debe o no debe hacer, cuando en su propia casa hay un buen número de sus compadres bajo sospecha, al parecer más que fundada, de haber cometido el aparentemente inocuo (debe tener que ver con eso de la inmaculada concepción) delito de violar a niños durante años, al tiempo que aconseja costumbres sexuales y familiares cuando él en teoría no puede practicar sexo ni tener familia (vamos, como si el que suscribe aconseja a cualquiera de los que leen esto cómo instalar el sistema eléctrico en su casa).

Y cada vez realiza actos más y más viles, pues la maldad de Belcebú no conoce límites. Y aquí no pasa nada, claro, cada uno tiene derecho a hablar sobre lo que sea, aunque su opinión sea una soberana gilipollez y atente contra derechos fundamentales de otros ciudadanos. ¡Que más da, si solo son una panda de maricones y de adolescentes que se han quedado preñadas por ser unas guarras!

Y aquí no pasa nada y nadie tiene cojones de poner en su sitio a semejante desgraciado.

Que país...

jueves, 7 de enero de 2010

De tetas y libertades de expresión...

Sorprendido me dejaba hace un par de días el revuelo mediático relacionado con la foto que encabeza este post y la resolución a la que había llegado el juez de vaya usted a saber donde sobre la denuncia que había puesto la interfecta (por si no la reconocéis, es Elsa Pataky, si la hubieseis mirado a la cara un segundo lo habríais sabido hace un rato, guarros) en relación con las fotos publicadas por Interviu y extraidas de esta sesión de fotos realizadas por la revista Elle. Por si no os habeis enterado os lo resumo.

Parece ser que esta foto y unas cuantas mas las firmó la Pataky para la revisa Elle. Parece ser también que en la sesión había algún listo que se hizo con fotos de la misma que no tenían nada de sugerentes (a buen entendedor) y se las vendió a Interviu, a la que le faltó tiempo para publicarlas. El caso del asunto es que la hermosa moza de la foto había firmado con Elle, no con Interviu, y mientras que la primera revista realizó un reportaje de estos que se llaman sugerentes y artísticos, lo que en mi pueblo equivale a no enseñar las tetas, en las fotos robadas por Interviu si se podía apreciar la anatomía de la moza en toda su plenitud. Y claro, la Pataky denunció diciendo que eran fotos que ellas no había consentido que saliesen publicadas y que si eso la afectaba a nivel profesional porque daba una imagen que no quería y que si patatin, patatan... Hasta aquí todo normal. Lo anormal (por lo menos para mi) viene ahora.

El juez encargado de dicho caso le ha quitado la razón a la turgente actriz, ya que ha dicho que, hombre, al fin y al cabo eran fotos sacadas en un espacio público y que la responsabilidad de ponerse con las lolas al aire era suya y solo suya y estas cosas. Además, una de las cosas que dice la sentencia parece ser es que la información no se puede denegar al gran público, y que deben ser los encargados de la revista, que para eso son profesionales, los que decidan que tiene valor informativo y que no. Así, como suena. Con dos cojones.

Vamos a ver, no es que tenga nada en contra de ver las tetas a tan hermosa moza, más bien todo lo contrario. Me encanta el cuerpo femenino, y más si es uno tan bien hecho como el de la rubia de la que estamos hablando. Pero hay una diferencia bastante gorda, creo yo, en que la chica venda sus fotos porque quiera y en que roben fotos sin su permiso y se publiquen. Meramente porque, oigan ustedes, su imagen es suya y debería tener la potestad de hacer con ella lo que le viniera en gana. Como el que está leyendo esto, el que lo está escribiendo o, en resumen, cualquier hijo de vecino. El que no está de acuerdo con esto usa argumentos que, como los del juez, como mínimo son discutibles y como máximo una gilipollez total, mire usted. Para empezar, no entiendo por qué si hago fotos a un personaje en un espacio público como puede ser una playa, enseguida tengo el derecho de publicar esas fotos donde me venga en gana. Al fin y al cabo lo público es el espacio, no la persona. O a ver si ahora la que pasa es que la buena mujer debe estar vestida como Dios manda en público y solo va a poder ir en tetas en su casa. Vamos, me da la sensación que al juez le falta un palmo pa decir eso de "Tú te lo has buscado, por guarra".

Tema aparte es el de qué es información y qué no. Miren ustedes, yo leo la prensa todos los días ( o casi todos), pero aunque no lo hiciese no alcanzo a comprender como puede tildarse de información que una rubia neumática me enseñe sus tetas. Si alguno sabe que valor informativo tiene eso, más allá del uso que le quiera dar yo si me quiero dedicar al pecado de Onan, que me lo diga por favor. Debe ser que soy tonto porque por mi mismo no lo veo.

Y lo más hiriente de todo ello es que salen por la tele los llamados periodistas (que en algún momento se debieron olvidar del significado de su profesión, si es que alguna vez lo tuvieron claro) defendiendo esos argumentos a capa y espada, como si la razón estuviese con ellos sin duda alguna. Me pregunto que tal le sentaría a cualquiera de los tertulianos de la Campoy que media España les viese el culo si un día deciden ir a una playa nudista y tienen la poca fortuna que un menda les hace un book entero sin su permiso. O a lo mejor es que su culo no tiene carácter informativo y el de la Pataky si, vaya usted a saber.

Que país...

miércoles, 6 de enero de 2010

De finales buenos y malos...

Me comentaba un amigo no hace demasiado lo mucho que le había gustado la película "El secreto de sus ojos" y lo mucho que, en buena lógica, me la recomendaba. Como suelo hacer caso a ese tipo de consejos, y más viniendo de quien venía, no tardé en bajármela (que conste que antes intenté ir al cine, pero por una coso u otra al final no pude) y en echarle un vistazo. Y el caso del asunto es que, aunque me gustó, ni de lejos me pareció la maravilla que me habían pintado no una, sino varias personas. Me parece, eso si, una película con mucho oficio y que intenta emular aquellas películas clásicas que todos tenemos en mente de los años 60 y 70, consiguiendo esto con bastante acierto. Las interpretaciones son todas ellas correctas (aunque personalmente reconozco que nunca he visto en Ricardo Darín ese gran actor que todo el mundo señala, mea culpa) y la historia en sí está bien hilvanada. Mezcla algo de thriller con historia puramente sentimental y sabe en todo momento nivelar ambas de forma que ninguna de las dos queda coja. Eso sí, la dirección me pareció tremendamente efectista, pero eso ya es impresión muy personal, sobre todo si partimos que las críticas que he leído y que la señalan todas como genial.

Pero el caso del asunto es que posiblemente la película no me gustó tanto como a mi amigo por una razón muy concreta. La peli acaba... bien. Tiene un final feliz. Resumiendo el asunto, podemos decir que el malo recibe su merecido y el chico se queda con la chica. Vamos como en el 90 % de pelis de la historia. Pero es que es un final tan... anticlimático respecto a lo que nos han contado en toda la cinta. Incluso toda la coherencia interna de la historia (que quitando un par de detalles, como el que para una ejecución no se de a los ejecutores ni una misera foto de la víctima) se derrumba en el tramo final como un castillo de naipes dejando en el espectador (por lo menos en este espectador) un regusto agridulce. Podía haber sido una gran peli de haber tenido 15 minutos menos de metraje. Con esos 15 minutos la historia en si queda coja, como si el director no hubiera tenido valor para presentarnos los hechos de la manera más realista posible. es sin duda una licencia concedida al espectador que le viene bastante mal, para que mentir.

Os preguntareis quizás a que viene esa problemática mía con que el final sea uno feliz. Al fin y al cabo, como he dicho antes, la mayoría de historias, sean del medio que sean, tienen finales felices. Eso es verdad. Pero, preguntaos una cosa... ¿qué historias han pasado a la historia? (parece un juego de palabras) ¿Qué relatos nos han conmovido y guardamos en nuestro recuerdo? ¿Que personajes tenemos como iconos universales? Siempre he pensado que la respuesta a las tres preguntas se reduce a una respuesta. Las tragedias. Y una tragedia, recordémoslo, debe acabar mal. Los finales felices no deben tener cabida en una tragedia si queremos de verdad que sea considerada como tal. Los personajes atormentados que se ven abocados a desenlaces fatales nos atraen, llaman la atención del imaginario popular de un modo tan poderoso como sorprendente.

Pero ¿por qué?. ¿estamos obsesionados con los finales desgraciados, con que nuestros heroes no alcancen sus metas, con que, en pocas palabras, acaben como el rosario de la aurora por alguna razón concreta? Siempre he pensado que la respuesta más sencilla y al mismo tiempo la más desesperante es la adecuada para estas cuestiones. Es muy sencillo. Nos vemos identificados. Y esa identificación deriva de una verdad universal. Y es esta.

En la vida real no hay finales felices.

Ya está. Ya lo he dicho. Os lo podéis tomar como las declaraciones de un derrotista o un pesimista. Podéis pensar para vosotros que tal cosa es mentira, que en realidad hay tantos finales felices como tristes en la vida, que todo depende del color con que se mire cada situación, que cada persona es un mundo... blablabla. Es normal esa actitud y todos en cierta medida la adoptamos de un modo u otro, ya que de otro modo nos sería imposible continuar o realizar la más mínima acción si tuvieramos en cuenta en serio dicha máxima. Pero la triste verdad es que en la vida real no hay finales felices, y eso es porque la vida continua, siempre continua, el único final auténtico es el fin de la misma vida y ese dudo mucho que ninguno pueda calificarlo de feliz en ninguna circunstancia, por "buena" que sea.

Solemos, por inercia, dividir nuestra vida en capítulos de forma que podamos darle cierto grado de finitud a nuestras acciones, que inconscientemente dirijamos nuestros pasos hacia un fin determinado y nos marcamos la felicidad como ese fin último realizado. Pero, aun en el caso de que consigamos ese objetivo, que ya de por si es raro, la vida sigue y la historia con ella, y antes o después llegaremos a un punto en el que nos daremos cuenta que todo el trabajo realizado ha servido de poco. Quizás por eso en el fondo la visión de los ancianos nos produce en cierta forma rechazo o miedo, ya que nos vemos reflejados en ellos y tendemos a ver a la ancianidad como el crepúsculo de una vida, como la privación de promesas de finales felices a las que que nosotros tan desesperados estamos por aferrarnos.

La mayoría de matrimonios se separan. Las relaciones de amistad se rompen o se diluyen con el tiempo, de una forma u otra. Necesitamos anclarnos artificialmente a un contexto temporal concreto para poder decir: "Aquello fue un final feliz para mi" "Aquello estuvo bien". La mera idea de la continuidad de nuestro vivir y aquello a lo que nos aboca nos resulta imposible de interiorizar plenamente, y por eso posiblemente es en historias de fuera, en historia imaginarias (sean en cine, literatura o cualquier otro medio) donde más fácil nos resulta aceptar tal cosa. Y por eso precisamente nos identificamos más con ellas, porque algo en nuestro interior nos dice sin asomo de duda que esa historia triste que acabamos de ver no es más que una metáfora de nuestra propia vida, tan solo que nuestra parte consciente prefiere no aceptarlo por mera cuestión de supervivencia y salud mental.

En la vida no hay finales felices. Y eso posiblemente sea lo que la hace tan aterradora y al mismo tiempo tan interesante y, en resumidas cuentas, que en el fondo todos tengamos tantas ganas de vivirla. Simplemente para comprobar si lo que intuimos es cierto en última instancia. Vosotros diréis si es así.

domingo, 3 de enero de 2010

Mi impresión sobre...Celda 211


Una de las mejores películas que he tenido el placer de ver en los últimos meses del año que hemos despedido hace unos días. Y que conste que no he especificado que sea de cine español, esadounidense o austrohungaro, que ya es hora de que quitemos al cine el sanbenito de ser de un país o de otro antes de mencionar nada de su calidad, que llevamos toda la vida igual y así nos va.

El argumento de la peli en sí es sencillo. Un funcionario de prisiones (Alberto Ammann) que está en su primer día de curro (bueno, realmente es un día antes de su ingreso en el mismo, pero para el caso viene a ser lo mismo) se queda atrapado por circunstancias en el interior de una prisión en el momento en que se produce un motín dirigido por Malamadre (un Luis Tosar en estado de gracia), uno de los mas peligrosos criminales encerrados en la misma. A partir de esta premisa se desarrolla una historia que nos habla en último término de la dignidad, del honor y de la amistad en situaciones excepcionales y, en resumidas cuentas, de hasta donde es capaz de llegar una persona para defender lo que es suyo. No quiero dar más detalles por si alguno no la habéis visto, ya que creo que sería una guarrada arrebataros la oportunidad de sorprenderos con el desarrollo de la historia en si.

Es una película dura, que no admite ni otorga ningún tipo de concesión al espectador, y que deja a este sentado en la butaca al final de la proyección pensando sobre la auténtica naturaleza de los elementos que he mencionado un poco más arriba. Contada con una crudeza tal que llega al extremo de enternecer e impactar al más pintado, sin duda se apoya en el fenomenal trabajo de todos y cada uno de los integrantes de su reparto, comenzando por un Luis Tosar que reclama a gritos desde hace ya algunos años ser señalado como el mejor actor español de su generación. Su personaje de Malamadre tiene la atracción eléctrica que sólo se reserva a algunas figuras insignes del mundo del celuloide. De hecho no dudo que con el tiempo se convertirá en un personaje icónico del mundo del cine español y que, si la peli tuviera la etiqueta de estadounidense, se convertiría en un icono a nivel mundial, como puede ser el Travis Bickle de Robert de Niro o el Tony Montana de Pacino. Seguramente pensareis que exagero, pero os aseguro que no lo hago. Luis Tosar imprime una fuerza, un convencimiento y sobre todo una autenticidad a su personaje que le pone a la altura de los grandes entre los grandes.

A su lado se nos presenta Alberto Ammann, para mi hasta este momento desconocido, pero del que os aseguro que no perderé vista, ya que para ser practicamente un novato en el mundo del cine ofrece una interpretación solida como pocas, sin fisuras, ofreciéndonos toda una muestra de verosimilitud en el que posiblemente sea el personaje más dificil de interpretar de la cinta por los cambios que sufre en su desarrollo. Sin duda alguna se merece un 10 tanto por presencia como por coherencia interna de su interpretación. El resto del reparto se muestra enormente solvente, desde el conocidísimo Antonio Resines hasta el también famoso Carlos Bardem, siendo este quizá el punto más flojo a nivel interpretativo de la cinta, a pesar de que su actuación raya en lo sobresaliente también.

Pero sin duda el otro factor fundamental para el excelente resultado final de la cinta es el guión, basado en una novela del mismo nombre que no he tenido el placer de leer. Esta historia demuestra que no es necesario poseer un presupuesto estratosférico si sabes que contar y como contarlo. No es una historia tremendamente original, pero como se suele decir, desde la Odisea están ya todas las historia contadas. Pero tiene el raro merito hoy día de atraparte y no dejarte escapar hasta que la luces se encienden e incluso más allá sigues dándole vueltas a lo que acabas de ver, haciéndote reflexionar de una forma que no podías imaginar de una peli carcelaria.

Evidentemente una gran parte de ese éxito corresponde al director, Daniel Monzón, que en todo momento se muestra conocedor de todas al artimañas cinematográficas para imprimir a la película las sensaciones que le corresponden a cada escena, y no las que se supone que debería imprimir. No fuerza la cámara para obligarle a realizar tomas imposibles, sino que más bien pone la cámara en servicio de la narración en cada momento. Picados, contrapicados, primeros planos, planos medios... usa todo ese tipo de elementos de un modo natural y que guían al espectador por la historia sin obligarle a efectuar ejercicios de comprensión pedantes, como es la obsesión de muchos directores europeos en su casi enfermiza manía por alejarse del modo americano de hacer películas. Monzón demuestra aquí que detrás de una puesta en escena confusa no hay profundidad, sino solo confusión. A ver si aprende alguno que va por ahí dándoselas de intelectual.

De este modo una puesta en escena funcional y un montaje sobresaliente (el ritmo es auténticamente para darle dos orejas y el rabo) terminan de conformar una película que solo puedo calificar de excelente en todos los sentidos y que recomiendo vivamente a cualquiera de los que puedan leer esto.

He dicho.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Mi impresión sobre... 100 balas


¿Y si alguien os hubiera jodido la vida a base de bien? ¿Y si tuvierais oportunidad de acabar con ese alguien sin miedo a recibir ningún tipo de castigo? ¿Seriáis capaces de hacerlo? ¿Os lo plantearíais mucho o actuaríais inmediatamente?

Esas preguntas son las que según el guionista Brian Azzarello pusieron en marcha el comic que hoy presento aquí. Esta colección que acabó recientemente en USA pertenece (o pertenecía) como tal al sello Vertigo de DC que es, para los que no lo sepan, un sello en el cual se editan obras que no pueden entrar en el universo DC debido a su temática más adulta, amén de mantener los derechos de los comics en sí en manos de los autores. Es lo más cercano al comic independiente americano pero editado y distribuido por una gran editorial. Todas las ventajas de lo primero y ningunos de los inconvenientes de lo segundo, lo cual hace que Vertigo se halla convertido en todo un referente en el panorama del comic yanqui, que viene a ser lo mismo que decir que es un referente en el panorama del comic mundial, ya que ha dado muchas alegrías a los aficionados de medio mundo al tener acceso sencillo a comics de temática diferente a la superheroica y con una media de calidad bastante elevada, por lo menos para el que esto suscribe.

Bueno, al tema. El comic se extendió durante cien números en EEUU, que conforman una historia global perfectamente planificada que una vez leída en conjunto da una sensación de unidad y coherencia que para sí quisieran muchos de los libros o películas que triunfan entre el gran público. Evidentemente para conseguir esto Azzarello tuvo que plantear una historia de larga duración que diese cierta sustentación alas historias cortas en las que se plantean directamente los temas acerca de la venganza, la violencia y la responsabilidad que a él le interesaban desde un principio. No quiere decir esto que la historia global no se plantee estos temas, sino que son más tangenciales y sutiles (por pura necesidad de la narración) que en las historias cortas ya mencionadas. A los lápices está el excelente Eduardo Risso, todo un lujo gracias a su sorprendente habilidad narrativa y su asombrosa capacidad para caracterizar a los personajes, algo fundamental en un comic como este, que muestra a unos personajes con personalidades muy fuertes y bien delimitadas. En este sentido, evidentemente, la ovación se la debe llevar Azzarello, ya que elabora unos diálogos convincentes sobre todo por la enorme riqueza y variedad de expresiones y formas de conversar que usa dependiendo donde ocurra la historia, que personaje hable y cual es su nivel socio cultural.

Es evidente que hay que atender a este comic en dos niveles. Por un lado, las historias cortas que van conformando un tapiz en principio aparentemente inconexo y que poco a poco apreciamos como atienden a un plan perfectamente preconcebido, y por otro la macrohistoria en la que están imbricadas las mencionadas historias cortas. En principio las microhistorias el único nexo en común que tienen es la aparición de un hombre de traje negro que da al personaje protagonista un maletín con 100 balas (de ahí el título) irrastreables para que se vengue si lo desea de aquel que le dejó, por unas circunstancias u otras, hecho unos zorros. La forma de introducir al personaje del traje (que más tarde descubriremos que se llama Philip Graves) es sencillamente magistral, y la forma de dosificar la información para que sepamos quien es y por qué hace lo que hace, está realmente bien llevada y deja siempre al lector con ganas de más, que al fin y al cabo es una de las condiciones sine quanon de estos comics orientados hacia la serie negra.

Ahora bien, una vez que sabemos el porque de la historia principal hay que reconocer que el asunto flojea, no porque aburra ni mucho menos (está demasiado bien contado, a todos los niveles) sino porque el esquema general que nos hacemos no es demasiado original, sino más bien una historia bastante normalita y predecible. ¡Ojo!, no estoy diciendo que esto haga que sea un mal comic, ni mucho menos, sino que quizá la historia global sea bastante menos ambiciosa de lo que en principio parecía. Eso sí, la forma de escribir de Azzarello hace que no podamos sino disfrutar de cada linea y de cada viñeta, aunque olamos desde la mitad de la cole (o incluso antes) que aquello va a acabar como el rosario de la aurora.

Donde si dan el do de pecho los autores son precisamente en las historias cortas que nos llevan, casi sin que nos demos cuenta, a confluir en la historia río principal. La variedad de personajes, situaciones y momentos de cada una, además de unos diálogos que nos introducen en el sórdido mundo que el autor nos quiere mostrar, hace que sean una auténtica delicia de principio a fin, y que no sobre ni falte nada en ninguna de ellas. Son historias callejeras, duras y descarnadas, con personajes coherentes y situaciones límite que muestran una gran variedad de respuestas a las preguntas del principio del post, además de a otras que surgen en un momento u otro.

En resumen, un comic muy, pero que muy recomendable que puede gustar a todo el mundo y que a pesar de su extensión se hace hasta corto del gustazo que es leerlo. Si no es perfecto si que merece un notable bien alto.

He dicho.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Reinventarse o morir...

...que decía alguien por ahí del que no me acuerdo. No señores, no, el blog no se ha acabado. Aunque parezca lo contrario. Los que me conocéis sabéis que en los últimos meses he estado realmente ocupado entre unas cosas y otras y eso, añadido al hecho de que no me apetecía demasiado escribir por obligación sino por deseo, ha hecho que haga bastante tiempo que no toco el teclado para publicar nada. Pero he aquí que el gusanillo me ha vuelto a picar ( a ver cuanto me dura) y me parece que voy a empezar de nuevo a escribir con cierta regularidad.

Cierto es que ultimamente el blog se había convertido más en uno dedicado al cine más que a otra cosa, con críticas (jaja, que me entra la risa) elaboradas por el que esto suscribe de pelis que más o menos os podían sonar a todos, que no es plan de ponerse en plan culturetas, que somos de barrio al fin y al cabo. El caso es que había pensado en reorientar un poco el blog y dar cabida a nuevos temas. ¿cuales? Pues todavía estoy dándole vueltas. Algo de política por aquí, algo de comics por allí y algo de Filosofía por allá. O quizás nada de eso, que tengo que seguir pensándolo. Ya veré al final que se me ocurre.

Pues nada señores, que estoy de vuelta y espero que por un tiempo más o menos largo, aunque mis posteos supongo que serán bastante espaciados más que nada por las circunstancias personales (y es que quitando estos días apenas paso por casa) y las ganas o no que tenga de deleitar a mi audiencia de una o dos personas. O menos.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Mi impresión sobre... Enemigos Públicos

Bueno, pues hace ya tiempecillo que vi este flim y la verdad es que todavía no había encontrado un momento para hablar un poquejo de ella, así que ahora que puedo voy a aprovechar.

Para aquellos que halláis estado viviendo en otro planeta deciros que el argumento de la peli sigue el último año de la vida del atracador de bancos John Dillinger, gangster de los años 30 que, parece ser, alcanzó cierta popularidad en la América de los años de la depresión por hacer lo que a muchas personas les hubiera gustado hacer... atracar los mismos bancos que les habían llevado a la ruina. El trio protagonista es Johnny Deep en el papel de Dillinger, Christian Bale en el de Melvin Purvis, el agente del FBI que persigue a Dillinger hasta acabar con él, y Marion Cotillard, en el personaje de Billie Frechette, novia de Dillinger.

Bueno, pues el caso del asunto es que todo el mundo ha escrito auténticas maravillas sobre esta peli a nivel de crítica. No seré yo la voz discordante, aunque si que voy a hacer unas puntualizaciones respecto a ello, ya que a mi no me parece una peli tan redonda como la pintan, a pesar de ser buena cinta a rasgos generales.

Para mí la primera pega que tiene la peli es que parecen sobrarle minutos. O mejor dicho, que estos están mal usados. Me explico; por ejemplo hay varias escenas de tiroteos, que el director ha colocado estrategicamente para hacer adentrarse al espectador en el mundillo violento que rodea a los personajes y que marca su experiencia vital, que se hacen realmente largas en algunos tramos. O a mí por lo menos me pasa. Están bien rodados, tienen buen ritmo, bien montados... pero chico, consiguen hacerse tediosos ya que la historia parece quedarse atascada en esos momentos y al final logra resultar molesto, como si las escenas de tiroteos fuesen una especie de publicidad dentro de la película. De hecho para mi cortan un poco el ritmo general de la película, ya que insisten inconscientemente una y otra vez en transmitir la idea del mundo violento de los gangsteres de los años 30 cuando ya desde la escena del principio de la peli en la cual se fugan de la cárcel (esta si, soberbia) el espectador se ha dado perfecta cuenta de ello.

Otra pega es la historia con la chica de Dillinger. Esto es algo más difuso, pero se puede resumir en que "algo" le falta. Es difícil para el espectador comprender la motivación de la chica de Dillinger para pasar las calamidades que pasa por el gangster. Quizás le falta cierto nivel de profundización el el personaje que Mann (el director) no considera necesario para entender la actitud del personaje de Marion Cotillard, o que quizás si considera alcanzado y yo no consigo ver. En resumen, el retrato de Billie me paree bastante pauperrimo, sobre todo en comparación con el elaborado estudio que realiza Deep de Dillinger y esa obra maestra de la interpretación que realiza Bale. Así Cotillard se transforma en una pata que cojea en el entramado de la peli, aunque no por ella, sino por una acercamiento un tanto superficial a su personaje desde el guión de la cinta.

Una vez puestas estas dos pegas alguno pensareis que la peli viene a ser un truñaco y que no merece la pena verla. Pues no señores, nada más lejos de la realidad. Solamente he expuesto los dos puntos que yo creo que hacen flojear la peli y que no alcance la categoría de obra maestra, pero aún así sigue siendo una de las pelis mas redondas que he visto en los últimos meses. Aparte de la curiosidad de estar rodada con cámara digital, lo cual da una espectacular claridad y definición a la imagen, aparte de una sensación de realidad más que notable, y que es un mero aporte técnico de un director que siempre quiere innovar en ese sentido en sus películas, la cinta como tal es realmente brillante.

Una historia bien construida, protagonizada por des personajes bien desarrollados y sobre todo interpretados por dos actorazos como la copa de un pino. Deep y Bale se encargan de dotar de vida a sus personajes. El carácter aventurero y cínico de Dillinger, sin olvidar sus sombras de violencia y de prepotencia es retratado con un talento fuera de toda duda por Deep, que sabe exactamente cuando aplicar un cierto histrionismo a su interpretación sin parece que chirría, es más, pareciendo lo más adecuado para la historia. Mientras tanto Bale, interpretando aun personaje radicalmente opuesto, de moral intachable (al menos bajo su punto de vista) y convicciones personales firmes como una roca, realiza todo un ejercicio de microinterpretación, si se me permite usar la expresión, en el cual se mete en la piel del personaje, cada facción de su rostro expresa sus dudas respecto a los motivos y la rectitud de sus acciones, ala vez que muestran la inquebrantable determinación del perro de presa Purvis. En serio, la interpretación de Bale es digna de ser estudiada en cursos de actuación, te deja sin aliento. El tío realmente se cree Purvis, y se loe nota en la mirada.

Técnicamente la cinta es impecable, como nos tiene acostumbrados Mann. Buen ritmo en general, quizás solo afectado por los "baches" que suponen las escenas de tiroteos, como ya he comentado antes, un desarrollo visual cristalino como el agua, montaje bien encarrillado... en resumen, una gran película que podría haber llegado a la denominación de Obra maestra pero que se queda en el camino, aunque en un punto del mismo bastante avanzado la verdad.

He dicho